RECETA LITERARIA SEMANAL DEL SEÑOR ESCUETO. “La feria de las vanidades”, de W. M. Thackeray.

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Estimados desconocidos:

Antes de nada, debo aclarar que estoy aquí contra mi voluntad porque no soy muy amigo de salir de mi retiro de eremita lector en Brocelandia. Ada, la dueña de este blog, que es todo tenacidad, me ha convencido, sin embargo, de que cada semana abandone mi hamaca de hilos de seda extensibles, donde me repanchingo con algún ejemplar de mi colección u otros que me presta Sir Pérciglas, para venir a hablaros de un texto que me haya parecido especialmente absorbente, interesante, inteligente o desternillante…Yo intenté convencerla de que lo hiciera el propio Pérciglas, Caballero de las Palabras al fin, pues ¿quién mejor que él para disertar sobre lo que revelan los libros? Pero no hubo suerte. Así que aquí me halláis, queridos lectores, estudiantes, redactores, editores, paseantes o traductores, dispuesto a aceptar, repito, contra mi voluntad, semejante papel…

¡Corta ya ese rollo, Escueto, que me voy a poner más rojo aún del aburrimiento!

¡Será posible! ¿Quién os ha dado vela en este entierro, en este sepelio, en este…cementerio, inhumación o enterramiento, Salino?

Yo también escribo aquí, ¿o es que no lo sabías? ¿No te ha dicho Hada que seas escueto? Pues suelta ya tu nada resumido discurso y vuelve a tu capullo, a enrollarte allí con tus libros, como los gusanos.

No es Hada, ignorante bufón, es ADA, sin hache… ¿no veis que la pobre no puede volar? Y espero que no seáis tan grosero de equivocaros delante de sus narices; siempre se siente un poco insatisfecha e insegura porque no tiene alas.

Sí las tiene, pero atrofiadas.

 ¡Eso, seguid con lo vuestro, a ver si algún día algún caballero os parte las narices tumefactas, putrefactas e hipertrofiadas que tenéis!

No será Pérciglas, desde luego. Ese sólo sabe pasarse el día leyendo, ya sea sobre su jamelgo, de paseo, almorzando o roncando. Si tuviera que volver a empuñar una espada o tensar un arco los huesos se le desintegrarían como una pira de papel.

¡No sois tan potente enemigo, Salino El Rojo, no señor! Hasta yo sería capaz de patearos el culo!

Pues, ¿a qué esperáis, si tan bravo parecéis?

 Os libráis esta vez porque le prometí a Ada que haría mi escueta recomendación literaria esta noche de luna menguante, y no voy a fallarle en la primera ocasión, pero me debéis una compensación por vuestra bellaquería.

¡Ja, ja! Lo llevas claro y escueto, capullín. Venid a buscarme cuando os aburráis en el nido colgante que os habéis buscado en este bosque del que no habéis salido en vuestra vida.

Leyendo se conoce más mundo que a lomos de esa lagartija maloliente que tenéis por montura. Pensad, si no, en las historias de Jack London, por ejemplo; en “El vagabundo de las estrellas” o en sus “Relatos de los mares del sur”. En “El corazón de las tinieblas” de Conrad, o en “La vuelta al mundo en ochenta días”, de Julio Verne… ¡Y ahora dejadme, que quiero hablar de mi primera recomendación!…

¿Así que ya no lo haces contra tu voluntad?

¿Cómo decís? Bueno… yo siempre he estado dispuesto a colaborar, pero no gracias a vos, desde luego. Esto lo hago porque Ada me lo ha pedido.

En el fondo eres un presumido personaje que necesita auditorio para que infle su ego y lo haga famoso. Esto de la literatura es como lo demás, como la política, como el espectáculo, como el arte o el periodismo de opinión… una sospechosa feria de vanidades…  

Pues, mirad que iba a hablar de otra cosa pero se me acaba de ocurrir una recomendación semanal más acorde con vuestro discurso de bufón rojo chiflado. Estimados visitantes de Brocelandia, El Señor Escueto os propone como receta semanal contra el aburrimiento, el tedio, la vagancia, y la pereza… ¡“La feria de las vanidades”! de William Makepeace Thackeray.  Y como esta es una escueta recomendación, no revelo más sobre los secretos del clásico inglés, publicado hacia 1848, ni sobre las peripecias de sus protagonistas, Amelia Sedley y Becky Sharp. Espero que leáis tan ilustre obra literaria antes de que, en otra entrada, publiquemos una reseña sobre ella o propongamos una discusión con nuestros ocasionales visitantes. ¡Feliz semana!

El Señor Escueto.

¡Yo no leo eso ni aunque esté de vino hasta las trancas! ¿Cuántas páginas tiene?

 ¡Salino, que ya hemos terminado con la entrada, a ver si cerráis el pico de una vez!

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