“Erec y Enid”, de Chrétien de Troyes. Una gran novela olvidada.

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Erec y Enid. Chrétien de Troyes. Ediciones Siruela, Madrid, 1993. 124 páginas.

Son frecuentes las reediciones, adaptaciones cinematográficas y las series televisivas que nos acercan a novelas clásicas de trama sentimental, a menudo acompañadas por caras producciones que se esmeran en recrear ambientes, paisajes y escenas del tiempo en que fueron escritas. En nuestra cultura actual, que venera la imagen, ésta es quizá la vía más segura para mantener vivo un relato. Las películas son hoy una suerte de trovadores digitales. Así, resulta fácil hablar de Orgullo y prejuicio y que casi todo el mundo sepa que se trata de una de esas narraciones que transcurren en la campiña inglesa, donde una heroína de carácter fuerte y sin riqueza consigue el amor de un caballero mucho más acaudalado, de buenísima cuna, aunque de carácter hosco y altivo, que no esconde sino una personalidad bondadosa y romántica, algo tímida. Ya Bridget Jones reivindicaba en su diario los atractivos del galán Colin Firth, que interpretó como nadie a Fitzwilliam Darcy en la versión de esta novela de Jane Austen, producida por la cadena británica BBC y emitida por primera vez en 1995. En 2005 volvió a las pantallas, esta vez de cine, la historia de Lizzy Bennet y Mr. Darcy, dirigida por Joe Wright, que hizo destacar la interpretación de la actriz de moda, Keira Knightley. De esta forma se perpetúa en las masas el conocimiento de los clásicos, incluso en una sociedad como la nuestra, que lee más bien poco.
El mismo patrón se repite con adaptaciones de otras grandes obras literarias en las que el conflicto sentimental hace sufrir a protagonistas y a lectores-espectadores hasta el final. Muestra de ello son las múltiples versiones audiovisuales de Los Miserables, Anna Karénina, Cumbres borrascosas, Jane Eyre, Sentido y sensibilidad, Emma o La edad de la inocencia.
Sin embargo, existen otras novelas de tema amoroso que tuvieron gran importancia en su momento, bien por el éxito de público, bien porque transformaron las características del género o el estilo narrativo, o porque introdujeron elementos innovadores, formales o semánticos, y marcaron así un punto de inflexión en la historia literaria. Estas obras, en cambio, no han gozado de la fuente de pervivencia en la memoria colectiva actual que supone su transformación en imágenes. Ningún director ha llevado estas obras al cine o las ha convertido en series de éxito para la pequeña pantalla. Ningún juglar ha cantado hoy sus peripecias.
Aprovecho, pues, esta oportunidad para recomendar a los que visiten el blog una joyita escondida en los recovecos del tiempo, que se reedita de vez en cuando pero que apenas se publicita ya. Y, sin embargo, ahí sigue, esperando con paciencia a que algún curioso, ávido de descubrir viejos tesoros, la rescate del olvido y disfrute del espléndido festín de personajes y situaciones que encierran sus páginas. Se trata de Erec y Enid, un insólito relato de aventuras que nos habla de la relación de Erec, caballero de la corte artúrica, con su esposa, Enid. El apuesto y noble Erec, famoso gracias a sus hazañas y a su valentía, deja repentinamente la vida caballeresca de las armas, en defensa del honor y la virtud, por culpa del amor que siente por su esposa. Después de la boda, ambos pasan el tiempo disfrutando de los placeres del matrimonio en su lecho nupcial mientras el pueblo murmura y se lamenta de la debilidad en la que ha caído su señor a causa de una mujer hermosa. Enid escucha los rumores y teme que la fama de su caballero esté cayendo en picado y con ella su buen nombre y su honor, algo importantísimo de conservar en la segunda mitad del siglo XII- cuando la novela fue escrita por el francés Chrétien de Troyes-.
La joven esposa se decide, después de mucho cavilar, a confesar a Erec su preocupación por el deterioro de su imagen y éste, al escucharla, finge ofenderse y, sin explicaciones, le ordena ensillar su caballo para salir del castillo y seguirle por los caminos del reino, en busca de aventuras en las que luchar y defender los valores de la caballería andante. Así pues, Chrétien de Troyes inventa una heroína que debería responder al ideal de amor cortés, y ser una dama sumisa, reposada y dulce, sin más, pero que, en lugar de ello, acompaña al héroe en su ardua tarea de batirse por la justicia y la virtud. A un lado quedan los cómodos salones del castillo, aptos para los delicados cuerpos femeninos. A Enid le esperan las penurias del camino, la falta de sueño, el hambre, el cansancio y el peligro. Acompaña a su esposo y lo protege de las dificultades que van encontrando en su viaje y aunque él intenta doblegarla, silenciarla y someterla como castigo por haber dudado de su honor y haber dado crédito a los rumores del pueblo que menoscababan su valentía, ella siempre logra que su voluntad prevalezca, sin miedo a enfrentarse a Erec, con prudencia e inteligencia, para salvarlo de su destino pero sin humillarlo jamás, con respeto y amor. En una prodigiosa alegoría de lo que supone en la vida real el matrimonio, este par de enamorados, nacidos de la imaginación medieval de su autor, se enfrentan al mundo, a sí mismos y a su relación a través de una lucha de voluntades, de cesiones y concesiones, que puede compararse con la de cualquier pareja, no importa cual sea la fecha de su llegada al mundo. El valor que encierra el texto de Erec y Enid radica, no solo en la belleza con que ésta historia de espada y fantasía está narrada, sino en la novedad del asunto que trata y en la modernidad del enfoque con que el autor nos pone delante la realidad del sentimiento amoroso y el esfuerzo de dos personajes, que antes caminaban solos, por mezclar sus destinos y volverlos compatibles. La novela hace quebrar el mito de la mujer como ser sometido al hombre, y también de la épica como expresión del espíritu e historia de la colectividad. Por eso se considera a Chrétien de Troyes un autor de novelas, no de poemas épicos. En ellas los protagonistas son ya héroes individualizados en un mundo fantástico, cargado de símbolos, pero con una psicología concreta y realista que analiza los sentimientos humanos y el amor como motor de todos ellos.
Pero, además, Erec y Enid se centra de las dificultades de un matrimonio para salir adelante y lidiar con el mundo que lo rodea. Habla del reto que supone compartir las cargas de la vida en común, trabajar, superar las servidumbres de los clichés de género y, sobre todo, nos cuenta cómo querer y cuidar al otro con discreción y humildad a lo largo del camino, sin dejarse avasallar ni dominar del todo.
Quizá sí existan adaptaciones en la gran pantalla de historias como esta, tal vez revisitadas o disfrazadas de modernidad pero que conservan la esencia de la lucha en pareja. Dos en la carretera, del director Stanley Donen, podría ser un ejemplo para todos aquellos dispuestos a abrazar la aventura de dos en una agridulce road movie, como ya lo hicieron Erec y Enid a lomos de sus monturas, hace tanto tiempo.

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